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Pablo lo llama cariñosamente "nuestro consiervo amado", y "fiel ministro de Cristo" (Colosenses 1:7); fundó la iglesia de Colosas, de la cual fue más tarde obispo. 

El alentador informe que dio a Pablo sobre la "fe en Cristo Jesús" de los colosenses y su "amor en el Espíritu" fortaleció al apóstol durante su primer encarcelamiento en Roma. 

El que Pablo lo llame "mi compañero de prisiones por Cristo Jesús" (Filemón 23) podría referirse a un verdadero encarcelamiento de Epafras (aunque la alusión pudiera ser a un cautiverio "espiritual" y no "físico"). 

El celo de Epafras lo llevó a evangelizar pueblos vecinos como Laodicea o Hierápolis (Colosenses 4:12-13). 

Al adherirse a Pablo en sus saludos a Filemón, demostró su constante preocupación por los miembros del Cuerpo de Cristo. 

Según la tradición, Epafras padeció el martirio en Colosas.