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Pablo menciona a Epafrodito en su carta a los filipenses, que lo habían enviado para que sirviera al apóstol en Roma (Filipenses 2:25). 

Su dedicación al servicio de la iglesia cristiana se demuestra por la ansiedad que sentía por no poder servir ni a Pablo ni a la iglesia a que pertenecía, mientras estuvo gravemente enfermo en Roma. 

Tan pronto como Epafrodito se restableció, Pablo trazó planes para que regresara a Filipos y le encomendó a la carta dirigida a la iglesia de ese lugar. 

Los eruditos modernos concuerdan en que no hay que confundir a Epafrodito con Epafras, que estuvo relacionado con la iglesia de Colosas y se menciona en el libro de Colosenses.